No es por tu título sino por la vocación

El servicio a Dios lo debemos hacer con toda el alma y las fuerzas de nuestro corazón, para servir a Dios no es por tu título sino por la vocación.

La vocación es la inclinación a cualquier estado, carrera o profesión.

El término proviene del latín vocatio y para los religiosos, es la inspiración con que Dios llama a algún estado.

Por eso el concepto también se utiliza como sinónimo de llamamiento o convocación.

Partiendo de esta definición podemos entender que el poder servir a Dios, en el oficio que sea, va ligado a la vocación, ya que es un llamado que Dios ha hecho para que le sirvamos.

Por eso no podemos pretender estratificar los oficios, por eso no se puede llegar y crear niveles entre servidores.

No puedo llegar a pensar que porque soy teólogo o magister estoy por encima del que no lo es, y que ese hecho me lleve a reclamar derechos.

Debemos entender que ser servidor no es una profesión donde entre más estudio más sueldo y estrato escalo ¡NO!.

Ser servidor me debe llevar a prepararme de manera natural para servir mejor a aquél que murió y dio su vida por mi.

Servir a Dios es un honor, preparémonos lo mejor que podamos pero no con la mentalidad de subir de estrato o de creernos superiores pues el único grande entre nosotros es Jesús.

“Dios en su bondad me nombró apóstol, y por eso les pido que no se crean mejores de lo que realmente son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado como seguidores de Cristo”. Romanos 12:3.